Descubriendo Praga

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Y tanto que había que descubrir. No sería franca si no reconociera que, en esta ocasión, iba muy poco documentada sobre  el destino al que nos dirigíamos. Datos sobre el exterminio judío nazi, el cristal de bohemia y la  cerveza eran (para que negarlo) las pocas palabras claves que rondaban mi cabeza.

Pero Praga es mucho más que eso. Puedes visitarla en cuatro días, no digo que no; pero históricamente tienes toda una vida por delante. Porque a diferencia de otras ciudades que son demográficamente inmensas, pero poco longevas (como es el caso de New York) en Praga se concentra historia, arte, ciencia, alquimia, parapsicología, música y cultura popular.

¡Primer día!

El primer día realmente fue una tarde…porque cuando llegamos del aeropuerto (nos alojamos en el hotel Wilson Occidental) eran cerca de las siete y decidimos amortizar el poco tiempo del día dando un paseo en barco,  para tener una visión muy  general y básica de las dos Pragas vistas desde el río Moldava.

Hay amigas que hicieron este viaje con anterioridad y se decantaron por alquilar un hidropedal, algo que es muy común e igualmente recomendable. Con todo, contemplar desde el barco el atardecer en Praga supuso una primera toma de contacto con una ciudad que en sí misma entraña magia, misterio y mucha, mucha historia. Tanta, que prácticamente no sabría por donde empezar. Por eso, inicialmente tocaba  disfrutar de las vistas y poco a poco, conforme pasarán los días, ir descubriendo progresivamente parte de la cultura, el pasado y el presente de esta enigmática ciudad.

Por lo pronto, el primer disfrutamos desde aunque desde la lejanía del Castillo, atravesamos el puente de Carlos, y cambiamos de tercio artístico de la mano de Caza Danzante, en checo, Tančící dům, un original edificio que desafía la gravedad, en el que la rigidez soviética contrasta con el dinamismo de una nueva época más dinámica y flexible. No se si suena a topicazo, pero si disfruté viendo el edificio Flatiron en New York, esta maravilla no deja de ser foco de atracción tanto turistas, y especialmente para arquitectos, aparejadores y demás profesionales del gremio.

E aquí las fotos! 😉

¡Segundo día!

El segundo día sí que tocaba madrugar. De la mano de Sandeman, compañía a la que siempre solemos acudir en este tipo de viajes turísticos y culturales, nos pateamos literalmente la vieja Praga. Tuvimos un guía leonés que nos puso en antecedentes haciéndonos descubrir la historia de la Praga más antigua, la que se remonta al Medievo, para empalmar a períodos posteriores que explican el espíritu checo, una cultura marcada por los conflictos religiosos así como por la lucha de los husitas quienes seguían la estela marcada por el que fue su guía en este camino contrareformista: Jan Hus. A él rinde la ciudad vieja su particular homenaje en una de las plazas más emblemáticas de la ciudad.

Monumento a Jan Hus se localiza en el centro de la Plaza de la Ciudad Vieja de Praga

Monumento a Jan Hus, en el centro de la Plaza de la Ciudad Vieja de Praga

Se torna fundamental pasear por esta plaza (si bien sus restaurantes son excesivamente turísticos), pararse prácticamente cada dos pasos y descubrir lo que cada edificio entraña: La iglesia de Santa María enfrente de Týn, la Catedral de San Vito, el Ayuntamiento (parcialmente destruido con motivo del levantamiento praguense el 8 de mayo de 1945) así como el Reloj Astronómico: una joya del siglo XIV que a las doce ofrece un particular espectáculo que bien merece la pena descubrir. Inserto este vídeo de Youtube, porque han pasado demasiados meses desde este viaje, y creo haber borrado el que en ese momento hice (daños colaterales de la capacidad de almacenamiento de mi móvil XD).

De allí paseamos hasta el barrio judío. Es ahí cuando descubres la historia de un pueblo que ha estado marcado durante desgraciadamente toda su vida. Y no solo cabe remitirse al periodo nazi: los primeros registros sobre los establecimientos de comunidades judías en Praga datan del siglo X aproximadamente; y si bien no sería hasta el siglo XVI cuando comenzara su época dorada, estamos ante una ciudad que fue testigo del sentimiento antisemita del que a la postre se serviría Hitler para sembrar las semillas del devastador holocausto. A este respecto, la leyenda del golem fue una de las que más llamó nuestra atención, aunque no tanto como contemplar, en un día tan lluvioso como el que nos tocó, el cementerio en el que se acumulaban(unas encima de otras) lápidas y lápidas de judíos , a los que se les negaba la posibilidad de ser enterrados en otra zona más allá de su gueto.


Y allí nos despedimos. Siendo cerca de las tres de la tarde tocaba disfrutar de la gastronomía de Praga, famosa por sus carnes, su Goulash y cómo no: su cerveza! Nos fuimos a un “pivo” que fabricaba su propia cerveza…y a testarla pues 😉

Por la tarde, y tras un largo paso por la zona, acabamos en la Plaza de Wenceslao, el rey más querido por los checos, cuyo monumento preside la plaza. Una plaza que parece más una avenida, y que ha sido testigo de la historia contemporánea de Praga.
Debido a que se acercaba el aniversario del fatídico día de la Primavera de Praga, aquel 20 de agosto de 1968 (que no lograría su cometido hasta veinte años más tarde con la Revolución del Terciopelo), había todo un despliegue de vallas representativas de los tristes sucesos acaecidos en tan trágico día. Bien merecen ser recordados  los estudiantes del 68 que se inmolaron como protesta ante el régimen soviético. Un acto heroico que no sirvió por desgracia para detener una dictadura que inició al poco tiempo el periodo de “normalizacion”.


Tras cenar por la zona y llegar bastante tarde, regresamos al hotel para cargar las pilas. Mañana tocaba Karlovy Vary, una ciudad balneario, por decirlo de algún modo, ubicada a unas dos horas en coche de la ciudad. Si se va más de cuatro-cinco días merece la pena visitar la. Pero si son menos, es preferible optar por Kutná, mucho más interesante desde un punto de vista histórico.

Pero volviendo a Karlovy Vary , esta ciudad estaba inicialmente compuesta por cinco majestuosos balnearios (hoy solo quedan dos). Sus orígenes explican el estilo arquitectónico de cada uno de ellos, espacio de disfrute de la alta aristocracia de los siglos pasados. Por ella han pasado reyes, artistas como Mozart, Bethoven… y constituye un reclamo turístico beber, con la pertinente taza de la zona ( el marketing que no falte) de cualquiera de sus muchas fuentes cuyas aguas “sanan” y “purifican”. La zona, hiperlujosa, recibe cada año a partícipes del séptimo arte conocido el evento como el Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary.

El día fue más light, así que, de regreso a Praga, visitamos la zona nueva: la Torre de la Pólvora, los mercados, un humilde pero original museo de los juguetes y, finalmente, a dormir!

Seguimos 😉

Hoy visitaríamos la que sin duda es mi zona favorita: La ciudadela. Mientras que para Karlovy Vary tuvimos que optar por Civitatis, en esta ocasión volvimos a Sandeman. Nuestro guía nos llevó por el puente de Carlos, el que el monarca creara para unificar las dos ciudades. Un puente en el que confluye misterio y leyenda (como todo en Praga!). Incluso los artistas que allí tocan, pintan…deben tener un permiso especial que les acredite para ello. Entre las muchas estatuas que vas a cada paso encontrándose, cabe resaltar el espacio dedicado a San Juan Nepomuceno, representado con un halo de 5 estrellas (las que había sobre el río la noche de su asesinato), con un perro a un lado y una mujer (la reina Sofía de Bavaria) al otro lado de la estatua. Se acostumbra a frotar ambas figuras, de hecho los turistas les han sacado brillo de tanto tocarlas, pero dicen que solamente debe tocarse la figura del perro, que representa la fidelidad, siempre que se desee volver a Praga.

A priori no puedo explayarme más por cuestiones de tiempo, pero ni qué decir tiene lo que disfrutamos en el Castillo de Praga, el castillo medieval más grande del mundo; así como descubriendo el internacionalmente famoso muro de John Lennon, o las populares obras del polémico artista David Černý.


Este será por tanto el punto y final del pequeño relato concerniente a nuestra estancia en Praga: una ciudad con sus tintes de misterio, esoterismo…y bella y embaucadora en su esencia. Dicen que en Navidad, como sucede no obstante en otras ciudades europeas de carácter provincial,  enamora más si cabe.

Con todo, lamento de entrada no haber profundizado en paradas y anécdotas más que necesarias tales como el recién mencionado Castillo de Praga, el de San Vito, la Estatua de Stalin, cuya base serviría a posteriori para promocionar la gira History, de Michael Jackson, el papel del “topo” icono infantil necesario para eludir en una época el capitalismo inherente a Mickey Mouse…, las inundaciones, claves en la historia de esta ciudad,  el atentado contra Reinhard Heydrich (el carnicero de Praga) que se llevó al cine, la calle del oro, el sector en torno al cristal de bohemia (que bien merecería un post aparte) junto con el abanico mercadotécnico que gira en torno a esta ciudad (en la que se comercializan productos que no son oriundos de allí, pero que resultan altamente rentables a los ojos del turista….) entre muchos otros detalles de todo tipo de ámbitos, como puede advertirse, y disciplinas del saber.

Praga está ahí, para que vayamos, para que volvamos, la saboreemos y sobre todo, la disfrutemos.
¡Hasta la próxima! 😉

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